Había una niña que miraba un punto fijo sin despistar con otro. Imaginó lo que crearía con él, como lo trasformaría.. hasta que pensó por primera vez después de meses mirarlo, que antes de ello, ella deseaba conocerlo. No sabía de qué le serviría si ya tenía planes, pero algo peculiar tenía este punto que por más minúsculo y decaído parpadear parecía tener algo más de vida... una voz quizás.. unos ojos... y manos.
¿Donde? Quizás crecidos hacia dentro.
Decidió tomarlo cuidadosamente y llevarlo a su escondite. No sabía de qué se alimentaba así que le dio mucha azúcar. El puntito fue comiendo sepultado en el dulce sabor de granitos más grandes que él, por ende, engordó y creció, recupero energías y su luz cegante se tornó. La niña no tenía tiempo para él, aparte este punto ni hablaba, lo que entristecía a la pequeña.. y sin saber que hacer ésta daba sólo de comer, dejando sus planes de estudios anormales y dándose tiempo a sus otros hobbies.
Al poco tiempo el punto alcanzó la altura de un anillo. Se miraba y saboreaba su sabor tan apetecible. La niña lo miraba contenta y él se mostraba con todo orgullo; y comenzó a no conformarse con que la niña nada más lo observase. Comenzó imaginando gente a su alrededor alabándolo, musas a su alrededor, pequeñas luces que no sobrepasasen su potencia y algodones por los que no se confundiera ni hundiera. Luego miraba a la niña con esos ojos que de la gordura habían salido de su interior y ahora pareciese que se le saldrían, y con esa bocota robusta le ordenaba.
Primero la niña reía y corría por complacerle siempre esperando que éste le cotase algo sobre él... pero nunca obtuvo aquello... al pasar los días sus ordenes volaban a rayos luz y eran cada vez más descabelladas. Y la niña se comenzó a cansar... mientras la bola persistía en hinchar. La pequeña no sabía que estaba haciendo, así que se sentó frente a la pelotita, silenciosamente observaba como esta fruncía el seño al no obtener lo que deseaba, luego la tomó con cuidado y salió con ella a la calle. Ésta saltaba y saltaba dentro de las manos de la niña.
Cuando se cansó gritó que la dejase ir con el niño que jugaba comiendo helado, pensando que éste le convidaría, y como la niña no la soltaba la mordió trapazando fronteras... calles.. y de mases. Lo logró, un golpe de suerte pensaba. Llego donde el niño, el que la tomó, le acercó el helado como quería. Miraba el helado con ansias. El niño suavemente lo hundió en el helado, éste abrió su boca, saboreó sin respirar un agridulce y frío ambiente, quedando ahí, en su espacio deseado, que lo congelo y hundió en su esencia, pero no por mucho tiempo ya que el chico paso su cálida lengua, y al sentirla conoció lo que es el pánico, deseando eso que cuando nació quiso y que se le había olvidado, vivir.


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