Sonaban las campanas y por primera vez me atreví a mirarlas en su máximo resplandor, y vaya que resplandecían.
La luz del horizonte se quebraba para pasar, y junto a las inmensas figuras doradas creaban un lindo juego.
Me senté no muy lejos de la torre para observarlas minuciosamente un momento más. Algo había en ellas, ¿o llamaron mi atención siendo tan triviales como cualquier cosa?
“Todo lo que me detengo a mirar es importante”- dije para mí. Inmediatamente todos quienes transitaban prestaban atención a lo mismo que yo.
“La hice distinguida”-pensé, mientras miraba cada expresión en los diferentes rostros allí presentes.
Me volteé y volví a dar una ojeada. La misma torre, nuestra iluminada torre, seguía radiante. Mas ahora tenía un toque adicionado, uno... dos, quizás quince cuerpos caídos y con plumas arrancadas de sus alas descansaban desparramados a sus pies.
Y en lo alto, la enceguecedora luz, chispeaba sin cesar.


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